Crisis económica, los ricos aprietan hasta que los pobres digamos basta
2012/07/03, 18:00
Existen dos tipos de personas, ricos y pobres, y no es en función de las posesiones ni el dinero.
Los ricos son los que se gastan lo que les sobra. Los pobres somos los que nos gastamos lo que no tenemos (hipotecas, créditos, pagos aplazados, sin entrada, contratos de permanencia…).
Y dentro de los pobres, hay dos tipos, los que tienen dificultades, y los que las tendrán. Algo demagógico, pero lo veo completamente plausible. Los que pasan dificultades, viven con la esperanza de las ‘reformas‘ en tiempos mejores. Los que no tienen dificultades no moverán un dedo por cambiar; éstos no saben que como la situación siga así, acabarán teniendo dificultades, tarde o temprano, por ejemplo, a la hora de cobrar sus supuestas futuras pensiones.
Los ricos han aprendido de la historia, los pobres no. La última verdadera revolución fue la francesa de 1789, donde rodaron cabezas. Ahora nos recortan (aprietan) poco a poco, y admitimos que vivamos peor y ellos sigan ganando. Es como cocer una rana, si el agua está hirviendo al principio, salta, pero si ésta se calienta poco a poco, la rana no se inmuta hasta morir.
Reforma contra cambio
Todas las medidas que se están tomando actualmente por los dirigentes no hacen más que soportar un sistema que se ha demostrado que no funciona.
El verdadero cambio viene cuando admitamos que nos hemos equivocado y cambiemos el concepto económico actual de raíz.
Como ejemplo el salto de altura (fuente, http://mi-primer-blog-eva.blogspot.com.es/search/label/Estilos).
Las reformas actuales son como cambiar detalles, pero seguir utilizando el estilo tijera.
Una revolución es cambiar a un estilo diferente, nada que ver con el primero, con nuevas medidas como es una colchoneta blanda para amortiguar la caída, pero que permite obtener mejores resultados.
El cambio es posible, hay que quererlo y desencadenarlo
Los cambios no se consiguen quejándonos ni gritando.
Hay que hacer algo más. Los pobres tenemos que tomar medidas, dejar de jugar el juego que han dictado los ricos y que seguimos por nuestra avaricia y por querer tener más de lo que realmente podemos.
Toda acción necesita un desencadenante. Nuestros gritos son inofensivos contra sus escudos. En el cuento del lobo y los tres cerditos, seríamos el lobo soplando contra la casa de ladrillos.
Nuestro poder está en que somos más. Es más difícil ponernos de acuerdo, pero si cambiamos nuestra forma de actuar todos juntos les obligaremos a realmente emprender un cambio y no un reajuste hacia lo mismo.
Pero juegan con nuestro miedo al ‘¿qué pasará?‘ y a la impasibilidad de los que no lo pasan tan mal que no van a cambiar su comodidad, el problema es de otros. Éstos no han pensado que cuando caigan los otros, ellos también.
Gritar en el vacío
Me siento como gritando en el vacío, da igual la intensidad con la que lo haga, no habrá un sonido.
Además, me enerva cada vez que escucho:
- “Es que no podemos hacer nada”, luego esperemos como pavos a la cena de Navidad.
- “Las cosas son así”, porque nosotros las admitimos así.
- “No es mi problema”, pero lo será.
- “Eso no funcionará”, dime algo que lo haga.
- …
Por ahora es mi forma de expresarme, pero no soy nadie como para ser escuchado. Espero que quien llegue a leer este artículo llene ese vacío para crear una reacción en cadena como una explosión nuclear.
Seguiré buscando la forma de ser escuchado.







