Vuelta a empezar
2012/03/09, 13:55
Relato: Muerte Dios Moraleja Realidad
Con un fuerte portazo Francisco, abandonó su casa sin despedirse de su mujer y su hijo que estaban desayunando. Éstos se miraron mutuamente con resignación.
- - Estoy harto de que no hagan las cosas perfectas… – farfullaba mientras se apresuraba hacia su coche – … todo mal, a destiempo… ¿qué les costará hacer lo que les pido?…
Como un rayo se introdujo en el coche y accionó el encendido. Nada. Volvió a intentarlo, pero nada.
- - ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡HOY NO!
Tan rápido como entró, salió, cogiendo su maletín que en el tirón, se abrió dejando escapar todos sus papeles.
- - ¡MIERDA! ¿Pero por qué me pasa todo a mí?
Como pudo recogió el desbarajuste y corrió como loco hasta la parada del autobús. Sin aliento vio la matricula trasera del número 516 cómo se alejaba. Sin poder respirar, se sentó con la cabeza gacha intentando controlar las respiraciones aceleradas.
10… 15… 20 minutos, y sin señales del autobús. La cola de gente era considerable. De repente, una llamada entrante.
- - Paco, ¿dónde narices estás?
- - Jefe, el coche no arrancó, no hay servicio de…
- - Tonterías. ¡Ven echando leches! ¿No se te ocurrió coger un taxi?
- - Pero… – su jefe colgó – La verdad que si tenía razón.
Por fin algo de suerte, justo en ese momento pasó un taxi delante suya y corrió a llamarlo.
- - ¡TAXI!
- - ¡PIIIIIIIiiiiiii! – el autobús retrasado se saltó la parada.
- - ¡Fiu! Por poco.
El riesgo le hizo tomarse un respiro. Sus sentidos agudizados por el chute de adrenalina le hicieron sentir como que el tiempo se detuvo. Sólo que la sensación no era pasajera. Realmente sentía que el tiempo se había detenido.
Miró a su alrededor. Todas las personas que estaban esperando el autobús detrás de él estaban congeladas, inmóviles, como figuras de cera. Tenían expresiones horrorizadas, unos se tapaban los ojos, otros se habían echado las manos a la cabeza. Los que miraban, lo hacían hacia el autobús veinte metros más adelante.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Estaba intentando negar lo que intuía. Sentía la necesidad de avanzar hasta el autobús. Lentamente, sin dejar de mirar atentamente la parte delantera del mismo, se fue acercando. Un frío intenso le recorría el cuerpo a cada paso. Último paso…
- - ¡DIOS MÍO!
Ahí estaba él, petrificado como aquellas personas de la parada, sostenido en el aire y golpeado por el frontal del autobús.
- - Aún debo estar vivo, sólo tendré que volver a ocupar mi cuerpo.
Dicho y hecho. Se abalanzó hacia su cuerpo como tantas veces había visto en películas de espíritus. Pero no resultó como esperaba. En el instante ínfimo que rozó su inerte reflejo, recibió un bombardeo de imágenes y sensaciones. Duró menos tiempo de lo que se hubiera podido medir el aparato artificial más preciso del mundo. En ese lapso de tiempo, revivió toda su vida, lo que se acordaba y lo que no, desde su nacimiento hasta el desafortunado incidente con el autobús. Alegrías, tristezas, miedos, fracasos, éxitos… todos sus recuerdos, todos sus sentimientos concentrados en tan ínfimo espacio de tiempo que ni siquiera tiene nombre.
Cayó de espaldas ansioso. En el suelo trataba de procesar lo que había pasado. Comprendió toda su vida, lo bueno y lo malo que había hecho, los momentos que había dejado pasar sin darles mayor importancia, y los que había arruinado con discusiones estúpidas. Ni siquiera se había despedido de su familia.
Desorientado, se quedó inmóvil por un tiempo indeterminado. Únicamente le hizo reaccionar la sensación de que alguien le observaba. En la otra acera había algo que no encajaba en la parálisis general. Había un hombre que le resultaba familiar que… parpadeó. No se lo podía creer, se aclaró los ojos llorosos y volvió a mirar. Era su padre.
- - ¡PAPÁ! – se abalanzó corriendo hacia su padre.
En el momento de estrechar su abrazo le atravesó como aire. Ni siquiera sintió una brisa. Se detuvo y se giró.
- - Papá, pero tú no estás muerto.
- - No soy tu padre.
- - ¿Pero entonces… quién eres?
- - Soy tu guía en este punto. Lo más fácil es que tome la forma de tu figura paternal más influyente.
- - ¿Mi guía?
- - No soy más que la proyección de lo que tú ya sabes para ayudarte.
- - ¿Yo ya sé?
- - Así es, conocimiento universal que toda criatura posee al nacer, cuyo potencial sólo se libera al morir.
- - Vale, si tú lo dices. Escucho, cuéntamelo todo.
- - Tú ya lo sabes todo, sólo te puedo guiar levemente para que salgas de tu limitación física.
- - Entonces, ¿qué me puedes contar?
- - ‘TODO, es verdad’.
- - ¿Cómo?
- - Mitos, leyendas, historias, actividades paranormales, ovnis…
- - Espera, espera… ¿todo? ¿Ovnis?
- - Interferencias entre tu dimensión y alguna de las infinitas dimensiones paralelas.
- - ¿Infinitas dimensiones paralelas? ¡Uooo! Psíquicos, bilocación, adivinación, telequines… ¿qué hay de eso?
- - Personas capaces de liberarse de sus limitaciones físicas en vida.
- - ¿Y…?
- - Mi labor se ha cumplido. De ahora en adelante tendrás que recordarlo tú todo. Sólo tienes que liberarte de las limitaciones físicas que asumiste como verdades absolutas en vida.
- - Pero…
Demasiado tarde. La imagen de su padre desapareció.
Sin saber qué hacer. Deambuló por la zona. Todo seguía estático. Su cuerpo paralizado en el instante mismo en que había muerto y todos los espectadores horrorizados.
¿Dónde ir? No tenía más que volver a casa. Caminó sin la energía inicial del día, lentamente, observando la quietud, los pájaros en el aire, hojas en suspensión.
Llegó a su casa. Ahí estaban su mujer y su hijo, como estatuas a punto de salir de casa para dirigirse al trabajo y al colegio respectivamente. Una tristeza profunda invadió su corazón. Nunca más volvería a hablar con ellos, a decirles cuánto les quería. Se arrodilló desconsolado sollozando como nunca lo había hecho, desgarrado por el dolor.
Quiso besar a su esposa por última vez, aunque no sintiera nada. De nuevo el bombardeo de imágenes y sentimientos. Acababa de vivir la vida de su mujer al igual que revivió la suya, cada ínfimo instante.
Conmocionado retrocedió. Comprendió todo, el dolor que le causó y el amor que le dio. Pero una profunda felicidad le invadió al sentir en sí mismo el amor puro que su esposa le profesaba a pesar de todo. No pudo cuando menos echarse a llorar.
Tras la profunda emoción miró directamente a su hijo. Tenía que hacerlo. Alargó su brazo para acariciar el pelo de su hijo. El mínimo roce le hizo vivir la vida como su hijo. No sabía que le trataban mal en el colegio, no había comentado nada. Pero sobretodo recibió el mayor regalo que su hijo le podía haber hecho jamás, sintió lo orgulloso que estaba el pequeño de su padre.
Pasaron lo que podrían haber sido siglos observando a su familia que había dejado atrás. Hasta que se acordó las palabras de la representación de su padre.
- - Saberlo todo… liberarme de limitaciones físicas.
Con todo su pesar, se alejó de su esposa e hijo, no sin echar una última mirada hacia atrás.
- - Bueno, me liberaré de mis limitaciones físicas. Si sólo tuviera un coche… mmm, a lo mejor puedo desplazarme rápido, era una limitación física, ¿no?
Empezó a correr como nunca lo había hecho, más que si le hubiera perseguido un león. Habría tardado más del doble del record mundial en recorrer cien metros. Pero no desistió, continuó corriendo y corriendo sin descanso. Hasta que rendido se tiró al suelo observando el cielo.
- - Limitaciones físicas… limitaciones físicas… limitaciones físicas… Claro, estoy empleando mi cuerpo físico para desplazarme. Intentaré sólo concentrarme en el movimiento.
Cerró fuertemente los ojos y únicamente pensó en desplazarse. Abrió los ojos pero estaba en el mismo sitio, tres metros sobre el suelo. Al despertar del trance cayó a plomo.
- - ¡Ay! Vaya, aún me duele, tengo que liberarme de mi cuerpo, y ser más concreto en lo que quiero.
Siguió practicando. Al principio sólo eran unos centímetros, pero pronto iba más rápido de lo que nunca había viajado, incluso en avión. Jugó a ser superman durante un buen rato. Cada vez más rápido, y más, y más… Fue hasta la luna, vio la huella de Amstrong, viajó hasta el Sol y adelantó a la sonda Voyager en los confines del Sistema Solar.
Se preguntó cuál sería el límite de su velocidad. Aceleró, aceleró, aceleró… la velocidad de la luz, mil veces la velocidad de la luz, mil millones de veces la velocidad de la luz… Se detuvo de golpe.
- - Ahora comprendo, no hay limitación, luego la velocidad máxima es infinita.
En ese momento comprendió que la limitación era la velocidad, que lo que realmente podía hacer es aparecer en cualquier punto del espacio que quisiera. Así que se concentró en su casa, cerró los ojos, y al abrirlos estaba de nuevo con su esposa e hijo.
- - ¡GUAU!
Así reconoció el Universo, apareciendo directamente donde quería estar, desde Alfa Centauro hasta los límites del universo observado por el hombre y más allá.
Al principio excitante, pero según se iba acostumbrando, necesitaba más. De tal forma que volvió a la Tierra a recapacitar qué hacer.
- - Mmmm, qué me está limitando… ya está, tengo que estar en dos lugares al mismo tiempo.
Se concentró, se concentró… pero nada. Pudieron pasar millones de años intentándolo, pero él estaba concentrado en conseguirlo.
- - ¡CLARO! ¿Cómo no se me ha ocurrido antes? Me ata mi cuerpo físico.
Se concentró en sí mismo, su único pensamiento. Su cuerpo físico desapareció, ahora era simplemente una conciencia. Se concentró en dos puntos distintos y se convirtió en ambos. La misma conciencia ocupando dos lugares diferentes al mismo tiempo. Dentro de su cuerpo físico no habría cabido la comprensión de qué estaba pasando ni lo que estaba sintiendo.
Habiendo tenido la experiencia con la velocidad, ahora sabía que no había límites, que si podía estar en dos lugares al mismo tiempo, también podía estar en infinitos. Dicho y hecho, o más bien, pensado y hecho. Su conciencia se convirtió en el universo. Estaba en cada espacio vacío del Universo, era cada mota, cada átomo, cada subpartícula… Con una sorpresa, también era parte de cada una de las criaturas de la Tierra y de cada humano, luego sintió y asimiló las vidas de cada uno, conoció el dolor y la alegría de cada uno en cada instante de su vida.
Abrumado pero sin poder parar. Lo que ocurrió desde este punto en adelante ya acabó, tú lector estás acotado por tus limitaciones físicas. Pero lo explicaremos paso a paso.
La conciencia ya era infinita, era el Universo, en sí, infinito. Comprendió que tenía que buscar infinitos que explorar porque rápidamente se aburría de conocerlo todo al instante.
- - Infinitas dimensiones paralelas…
Pensado y hecho. Asimiló cada una de las partículas de las infinitas dimensiones paralelas, conoció otras formas de vida, infinitos universos completamente distintos a su realidad original, con leyes físicas contradictorias más allá de lo que la mente humana podría asimilar.
De nuevo, el aburrimiento.
- - Más infinitos… más infinitos… el tiempo.
Había asumido que estaría estancado en el momento en que murió infinitamente, ni se le pasó por la conciencia avanzar en el tiempo. Pensado y hecho. Ya no sólo era cada partícula del universo, cada partícula de los infinitos universos paralelos, sino que avanzó infinitamente en el tiempo. Sintió el dolor de su familia por su pérdida pero cómo fueron felices en sus vidas. Sintió la extinción de la raza humana y avanzó hasta más allá del punto en que ninguna estrella era visible desde otra, la oscuridad absoluta.
- - Por supuesto, infinito, no hay fin. Puede que tenga que buscar lo finito, lo acotado sin más por definición… El comienzo.
Sólo hay un comienzo, único posible. Luego en vez de avanzar en el tiempo, tenía que retroceder. La última limitación física que tendría que superar.
Volvió al momento de su muerte y comenzó a retroceder, ya siendo la conciencia de cada partícula de cada dimensión paralela. Retrocedió en el tiempo, el autobús, el coche que no arranca, el portazo… el descubrimiento de América, Jesucristo, Buda, los faraones, la extinción del los dinosaurios, el big bang.
El punto de comienzo le deparaba otra respuesta inesperada. Toda la materia que formó parte del universo de todas las infinitas dimensiones se concentraba en un punto infinitesimal, cada vez más pequeño, infinitamente pequeño, pero seguía reduciéndose y reduciéndose… aunque el espacio infinito seguía intacto.
- - Vaya, otro infinito. Ya sé todo, conozco la realidad absoluta, pero sigo estancado. ¿Qué me falta? ¿Hay algo que no sepa? ¡CLARO! ¿Quién me creó a mí?
Momento en que el espacio colapsó y la materia desapareció. La nada, solo la conciencia.
¿Quién creó al creador?
Vuelta a empezar.







